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Un gran reto para los laicos

“Este es un día de gracia”, dijo el Nuncio Franco Coppola, al iniciar la misa de inauguración del 2º Encuentro Juntos por México, Querétaro. “Mientras el mundo busca culpables, nosotros insistimos en reconocer nuestras culpas y pedir perdón.”

El nuncio hablo de la alegría de ver a los laicos trabajar juntos, cada cual, según su carisma, para instaurar el reino de Dios en el mundo.

En el rico análisis del mensaje del papa Francisco que transmitió el Nuncio, hay un punto que destaca por ser un reto. Convertir la comunidad cristiana en una familia donde nadie se sienta excluido, y todos puedan experimentar la cercanía y la ternura de Dios. Un gran reto porque hay que empezar por la propia familia, que no siempre tiene esas características. Si es cierto que, ante las calamidades la solidaridad y la prontitud con que actúa la familia y la sociedad son admirables. Pero una vez que la urgencia cesa, que la tragedia se mitiga, se vuelve a la lejanía del padre hacia los hijos, o la de la sociedad hacia sus miembros. Como ejemplo, el nuncio mencionó que en la ciudad de México, muere de hambre una persona cada 4 días, en un país que no tiene las carencias de países como en los países africanos, que el nuncio entiende bien.

El modelo que propone el nuncio para los laicos, y en eso dice que tenemos la ventaja, es el de la virgen de Guadalupe. Un modelo cercano, muy de nuestra cultura, de presencia (¿No estoy aquí, yo que soy tu madre?) y de ternura, de tenernos en su regazo y consolar nuestros dolores.

Una calidez que entendemos bien y que apreciamos, pero que no es fácil de ejercer. Entre los propios movimientos, comentó el nuncio, no siempre hay actitudes de unión y de cercanía. Y, tristemente, no las hemos vivido en algunas familias y por lo tanto nos cuesta trabajo transmitir algo que no hemos vivido.

De ahí por qué la actitud que nos pide el Papa nos significa un gran reto. Convertir a la sociedad en la familia de los hijos de Dios pasa por lograr que nuestras familias sean verdaderamente cercanas, tiernas, no excluyentes. Y una vez construida sobre estos cimientos, lograr que en nuestras relaciones entre católicos organizados así como entre el clero y el pueblo de Dios, se viva este modelo que es un reto. Y, con esa fuerza, esa vivencia, será posible transformar la sociedad en su conjunto.

Ahora que estamos viviendo el segundo encuentro nacional Juntos por México, no tenemos la perspectiva para apreciar su importancia, su trascendencia. Estamos logrando cercanía y respeto entre los movimientos donde no hace mucho había, como mínimo indiferencia cuando no, en algunos casos muy tristes, enfrentamiento y crítica. Esto es un cambio fundamental.

¿Estarán los laicos católicos mexicanos a la altura del reto? Yo creo que sí. Hay una excelente “materia prima” en sus miembros, deseo de unidad y de participación. Se requiere, y yo creo que es claro, tener el papel de la levadura que actúa en toda la masa y que desaparece una vez que el pan está horneado, donde no se sabe cuál fue el tipo de levadura que se usó ni en qué lugar quedó dentro del pan. Logros que no son personales ni grupales, sino que son de la sociedad entera, que se dejó influir por esa levadura.

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Redacción: Antonio Maza Pereda miembro SIGNIS México

Modificado por última vez enSábado, 07 Octubre 2017 18:01